domingo, 29 de junio de 2008
rhus typhina
Lo complejo. Lo simple. Hacia las puntas un hermoso carruaje de verdes trastornados. Hacia arriba un cielo matizado de naranjas. Se termina el otoño, ya dimos una vuelta. Una vuelta más. Estamos adelante de un árbol pequeño que comparte con los hombres el espacio del corazón y sus respiros. Se decía en otros tiempos que el rhus typhina hablaba con los niños. Sólo en algunos bosques muy antiguos de este árbol, en los recovecos hondos e inundados de calorcito, se oyen los mensajes volando en el aire. Este árbol refleja en sus hojas los atardeceres mas rojos del año. De sus tonos podrían renacer los pajaros mas extraños, especies extintas, pajaros de trópicos distintos, aves de gran estatura, veloces recolectores de fruta, ávidos de volar en cualquier cielo. El rhus typhina nos extraña cuando nos alejamos... y nos espera frágil, en su suelo, resistiendo a cualquier viento que quiera hacerlo andar.
martes, 22 de abril de 2008
malus doméstica
Ya sabemos. Hay más flores que hombres. Digo, hay más hombres por florecer que flores por caminar. En fin. Quién pudiera acercarse a la luna y cerrarle los ojos... La noche ayer fue inmensamente iluminada, el satélite menguando quizás sea más complejo que el satélite completo. El último calor asomaba por la ventana. No dormir. Contener la respiración, las bocanadas de pensamiento como un río. Los hombres se desvelan y los árboles dan frutos. En el mismo momento. Ayer la luna menguante secaba las cascarillas de los frutos de nuestro árbol para que los insectos no los habiten mas de lo necesario. Ayer los hombres giraban en sus lechos y la luna secaba sus gargantas ya habitadas por insectos. Así es este árbol. Las flores blancas ya vueltas frutitas están al instante de finalizar su cosecha. Son hermafroditas, con un cáliz de cinco sépalos y numerosos estambres amarillos. Quién pudiera amanecer al mismo tiempo que el sol para ver dorar las manzanas. Árbol para disfrutar debajo.
lunes, 21 de abril de 2008
bétula péndula
Los hombres recorren las veredas. Los árboles se desnudan y bailan en la mañana. Una ráfaga de cenizas. Hay polvo gris en la ciudad. Es el polen de los volcanes aledaños que por los vientos ha llegado a nuestros cielos. La ciudad se erosiona cada vez más seguido por los agentes externos que llegan en viejos carros. Los diarios advierten leyendas viejas y publican grandes guisos de información. Los pasajeros del engranaje se pasean con el atuendo indeciso propio de la época. Antes los hielos que azotaban la calle, luego los hermosos cometas, más tarde la nieve y otra vez la lluvia. Los gigantes hacen de esta una ciudad que despierta sólo cuando la besa el cielo. Así es este árbol... Su corteza frágil se deshace al tacto. Cuando uno era niño, era inevitable asociarla a las cáscaras de la cebolla. Sus hojitas como el as de pick y sus semillas al viento como pequeños fideítos de una sopa esparcida por el suelo. Hermosos.
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